Comprensión de la violencia escolar es abordada desde la ciencia y el espíritu

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Seminario contó con la participación del Gran Canciller UCSC, Monseñor Fernando Chomali; del académico de la Casa de Estudios, Francisco Fuentes; y de la docente de la Universidad San Sebastián, Alejandra Galdames.

Desde el inicio del año escolar, el país ha sido testigo de diversos hechos de violencia al interior de los establecimientos educacionales. Asimismo, el 30 por ciento de las denuncias que ha recibido la Superintendencia de Educación se deben a casos relacionados a peleas y conflictos entre alumnos. Para profundizar en este tema, el Arzobispado de Concepción junto a las universidades San Sebastián y Católica de la Santísima Concepción organizó el seminario tituladoViolencia escolar: posibles comprensiones y abordajes desde la ciencia y el espíritu».

La actividad se inició con la exposición del Arzobispo de Concepción y Gran Canciller UCSC, Fernando Chomali, quien comentó que, a su juicio, la violencia tiene que ver más con una dimensión espiritual de la persona que cognitiva. “El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y tiene una dignidad tal que debe ser respetado en toda circunstancia. El amor es un gran comienzo para terminar con la violencia. Quien violenta a alguien es por falta de amor”.

Asimismo, sostuvo que, muchas veces, se repiten los modelos que se han tenido dentro del hogar. “La niñez es la casa en la cual habitamos toda nuestra vida. Si no queremos tener niños y jóvenes que agredan a sus compañeros tenemos que custodiar mucho la infancia y ahí la familia tiene una gran responsabilidad”. La autoridad destacó también la importancia de cuidar los gestos, palabras y comentarios. “Hay modos para decir las cosas y siempre se puede pedir perdón. Quien tiene una profunda vida espiritual estará lejos de agredir”.

Enfoque sociológico

La dimensión sociológica de esta problemática fue abordada por el académico de la UCSC, Francisco Fuentes, quien explicó que la violencia ha estado siempre presente en la vida del hombre y que, de alguna manera, se han ido controlando los ímpetus de violencia que son parte de lo humano. De igual modo, agregó que toda sociedad o cultura tiene instituciones sociales (familia, política, economía, religión, educación y medios de comunicación) que son una especie de pilar sobre los que se ordena el resto. “En los últimos 10 años, la gran mayoría de ellas ha entrado en crisis, sobre todo por las transformaciones que han provocado su cuestionamiento”.

Fuentes agregó que las decisiones que las personas tomen ahora tienen un impacto en el futuro en relación a cómo se van a organizar cada una de estas instituciones. “No hay que olvidar que nuestro hoy también se nutre de lo que pasó antes. Lo que hacemos constantemente es construir esa cultura, esta es algo dinámico”.

Además, sostuvo que la violencia se aprende y se enseña, estando presente en muchas conductas que a diario se pueden tener y que se han ido normalizando. “Hay una serie de microviolencias que las traspasamos como patrón cultural sin cuestionarlas, representadas en la forma de relacionarse, enfrentar problemas, manejar emociones, etc. Somos nosotros los que tenemos que discutir y cambiar. En la medida en que lo modifiquemos tendrá un efecto a futuro”.

El docente también comentó que con el estallido social se legitimó que la forma de obtener algo era por medio del uso de la violencia. “No frenamos ni cuestionamos bien en su minuto”. A ello, se unió la pandemia con dos años que significaron encierro, incertidumbre, aislación social y contención de las emociones. Al respecto, indicó que es vital para que una persona tenga capacidades cognitivas bien desarrolladas el relacionarse con los otros. “Hay un montón de emociones no trabajadas, un uso de la razón no desarrollado. Por ello, es necesaria la educación emocional y en esa educación no solo debiesen participar los niños, sino todos quienes estén relacionados con ellos”.

Sicología educacional

Para la docente de la Universidad San Sebastián, Alejandra Galdames, el fenómeno de la violencia escolar puede también tener una funcionalidad adaptativa, convirtiéndose en una forma normativa de relacionarse. “Sabemos que este tipo de violencia trasciende a los grupos socioeconómicos”.

Asimismo, explicó que el ejercicio de la violencia se comprende como la interacción de factores de distinto nivel al interior de las instituciones, que es complejo y multicausal, bidireccional, puede no ser solo entre pares y también incorpora a los adultos, y que en los establecimientos educacionales esta se ha manifestado de manera física, sicológica, con uso de armas, de connotación sexual y por medio de la tecnología.

“La pandemia ha sido un factor para entender esta violencia. Debemos preguntarnos cómo llegamos y nos hacemos cargo de la emocionalidad negativa desarrollada en este periodo una vez que regresamos a la presencialidad, pues la emociones tienen correlatos conductuales, así como de qué manera entrenamos o redefinimos la forma en que nos vamos a relacionar con los demás, desarrollando las habilidades socioemocionales (autocontrol, conciencia social, toma de decisiones responsables, etc.)”.

Es aquí donde la alfabetización emocional surge como una respuesta. “En la medida en que se enseñan en los espacios nucleares de desarrollo y escolares a identificar emociones positivas y negativas, orientando la conducta, se puede ayudar o fortalecer los logros de las personas a lo largo de su vida”. Esto, porque, de acuerdo con lo expuesto por la académica, las emociones positivas reportan satisfacción y cuando se trabaja orientado a ellas se facilitan la creatividad, un mayor desarrollo cognitivo, la toma de decisiones eficientes, la tolerancia al fracaso y la motivación intrínseca.