Navidad: fecha y contenido
Arturo Bravo Retamal 23 dic 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos
0 ComentariosComo sucede con la gran mayoría de las grandes figuras del mundo antiguo, la fecha del nacimiento de Jesús nos es desconocida. La sorpresa que esto nos pudiese producir se acrecienta cuando caemos en cuenta que los cristianos de los primeros siglos no tenían mayor interés en conocer la fecha del nacimiento de Jesús. Prueba de ello es que de los cuatro evangelios canónicos, sólo dos mencionan este episodio. El más antiguo, el de Marcos, no hace mención ni a la infancia ni la juventud de Jesús. Empieza con su ministerio público, inaugurado por el bautismo de Juan en el Jordán.
Para las primeras generaciones cristianas lo que estaba en el centro de su interés era la vida y el mensaje del hombre Jesús de Nazaret, su muerte en cruz y el anuncio de su resurrección. Narraciones de su infancia se encuentran sólo en Mateo y Lucas, y con considerables diferencias entre sí. Por tanto, evidentemente, hubo muchas comunidades del cristianismo primitivo que no conocieron narraciones sobre la infancia de Jesús.
Por otro lado, en los primeros siglos del cristianismo tampoco se festejaba la fiesta de Navidad. La fiesta principal era la Pascua, la fiesta del triunfo de la vida sobre la muerte en la resurrección de Jesús. ¿Cómo se llegó entonces a celebrarla el 25 de diciembre?
Hacia el año 336 d.C. tenemos noticia de una fiesta de Navidad en Roma que se celebraba el 25 de diciembre, desde donde se expandió rápidamente. Esta fecha la escogió la iglesia de Roma porque era el solsticio de invierno y en él se celebraba la fiesta del nacimiento del sol invicto, era la fiesta del nacimiento de la luz. Y para la iglesia de Roma y para todos los cristianos Jesús es la luz del mundo. Esto es lo que se llama inculturación de la fe. El contenido de nuestra fe es el que ha definido la fecha de la celebración y con toda justicia, porque Jesús el Cristo es el sol de justicia que ilumina nuestras tinieblas.
Arturo Bravo Retamal
Doctor en Teología Bíblica
Universidad Católica de la Santísima Concepción
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Bioderecho Europeo: un giro jurídico a favor de la vida humana naciente
Cristián Vargas Manríquez 10 nov 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos
0 ComentariosEl principal tribunal europeo ha resuelto en las últimas semanas dos sentencias a favor de la vida humana en sus primeras etapas. En el primer caso la Corte Europea de Justicia con sede en Luxemburgo, máxima autoridad judicial para la garantía de los derechos humanos y libertades fundamentales en toda Europa, dictaminó que el legislador europeo «quiso excluir toda posibilidad de patentabilidad del embrión en tanto pudiera afectar al debido respeto de la dignidad humana» y de ello resulta que «el concepto de embrión humano debe entenderse en un sentido amplio», esto es desde el comienzo de la fecundación como un ser de la especie humana y por tanto sujeto de derecho. La segunda sentencia de la misma corte declara ilegítimo el acceso a las técnicas de reproducción artificial heteróloga, esto es a la fabricación de seres humanos con acceso a gametos (óvulos o espermios) fuera del matrimonio, debido a la disociación de la maternidad y la paternidad, propia de la técnica, dando prevalencia a la certeza de la identidad parental de toda persona. Ambas sentencias nos colocan en una adecuada relación entre ética y derecho al reconocer y tutelar la vida humana desde el inicio y propiciar la igualdad y fraternidad.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción
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En los tiempos llamados post modernidad, que de paso es el tiempo en el que vivimos, se nos ofrecen nuevos modelos de expresión, los que han pasado de una cultura tradicional a un liberalismo exacerbado, llevando a que nuestra cultura se exprese sin referencia ninguna a Dios, los fundamentos de la familia y ni siquiera el hombre mismo.
Las transformaciones de una sociedad están marcadas, sin duda alguna, por la evolución del hombre en cuanto ser social, el que ha tenido influencias de todo tipo, sin embargo, lo esencial del hombre, la sociedad, la familia y Dios, han permanecido en el tiempo.
No se pueden eliminar de una sociedad sus elementos fundantes y originarios, sólo por que el legislador así lo quiera, a través de la modificación de las constituciones, respondiendo a presupuestos particulares que no contribuyen al bien común, al que debe responder.
Es así que, guiados por presupuestos ideológicos, básicamente por la ideología de género, que tiene como uno de sus fines eliminar cualquier presupuesto de individualidad y personalización, llevando a la sociedad a lo neutro, es decir, sin diferenciación alguna, sobre todo en la diferencia entre masculino y femenino, de esta forma supuestamente se eliminará cualquier tipo de discriminación social.
Un medio a través del que se pretende esto es la “Deconstrucción del Lenguaje”, que Margaret Sanger promovía en sus escritos a principios del siglo XX y que nuestra sociedad en estos últimos años ha aceptado complacientemente. Esto significa cambiar la definición y el sentido propio de las palabras para que signifiquen otra cosa y no lo que representan verdaderamente, sino lo que otros quieren imponer, para que nuestra sociedad cambie en la comprensión de lo esencial, lo que significaría que de esta forma llegaremos a ser un “sociedad plural y desarrollada”.
Y qué relación tiene esto con el título de este artículo. Tiene mucho que ver, ya que este símbolo “@”, que todos muy bien conocen, representa un uso propio en los medios tecnológicos de comunicación, que aparece en los correos electrónicos como clave de identificación de este sistema. Sin embargo, hoy es utilizado frecuentemente para reemplazar la última vocal de las palabras “estimad@s, amig@s”, etcétera, dando cuenta así de una deconstrucción de lenguaje que reemplaza a “estimados o estimadas”, por citar un ejemplo, no reflejando el destino propio de destinatario, es decir, neutralizando como ya señale anteriormente la diferencia entre lo masculino y lo femenino, ya que la ideología predominante ha impuesto o es lo que pretende imponer varios “tipos de género” y no la diferencia entre sexo, hombre o mujer.
Seguramente esta posición será considerada “tradicionalista” o “fuera de época”, sin embargo, es importante poner atención a esto, ya que la propuesta ideológica señalada contradice la enseñanza de la Iglesia y la realidad ontológica de la persona, cuando pretende ocultar la verdad sobre la persona y su destino, generando así una “discriminación”, utilizando sus términos sobre la persona masculina y femenina.
Lo que parece inofensivo o que genera cierta simpatía debe ser visto con mayor atención, ya que produce una pérdida de identidad no sólo a nivel personal, sino que también social, llevando al aniquilamiento de las sociedades, pues éstas pierden sus tradiciones, sus principios, sus valores, entre muchas cosas que podemos señalar aquí, generando un desarraigo de su ser y su existencia.
Por lo tanto, es necesario poner atención al significado y la formas del lenguaje que usamos, porque hoy en día muchas palabras están usadas para deconstruir a la sociedad, y si hacemos uso de ellas colaboramos con el mal que se le hace a nuestra sociedad, por que se interpreta a la persona de muchas maneras y no por lo que su naturaleza nos dice, un hombre creado a imagen y semejanza de Dios; se interpreta a la familia como cualquier tipo de unión, y no como la unión fundada en matrimonio entre un hombre y mujer con características y fines propios, y que además es la base de la sociedad; se interpreta la vida humana como un objeto disponible, y no como la existencia de un nuevo ser humano llamado a la trascendencia desde su origen hasta la muerte natural.
Así podríamos señalar las nuevas formas de interpretación que aparecen “inofensivas” en nuestra sociedad.
Pamela Pedreros Silva
Jefa de Carrera Lic. en Cs. Religiosas y Estudios Eclesiásticos
Coordinadora Post Titulo en Religión y Moral
Universidad Católica de la Santísima Concepción
Huelga de hambre y educación
Cristián Vargas Manríquez 26 ago 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos
0 ComentariosBien vale la pena dedicar algunas reflexiones al tema de la huelga de hambre debido a la relevancia que ha ido tomando en el último tiempo, especialmente en nuestra zona, como vía de negociación o manifestación de urgentes causas sociales. Sin embargo una mirada directa a la manifestación externa o signo a través del cual se explicita un desagravio no es suficiente para entender su origen. Tampoco sólo el síntoma, la expresión sentida de un padecimiento, nos revela prima facie la causa del mismo, lo cual hunde sus raíces en un desarrollo humano y social que no es integral.
Queriendo profundizar sobre las causas y no los síntomas y signos podemos señalar que son muchísimos los que, atrapados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación y valor propio y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo, avalando actos contrarios a la propia vida, como el suicidio asistido al que conduce la huelga de hambre. Sin embargo, ante la actual evolución de nuestra sociedad, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, el sufrimiento, la pobreza? ¿Porqué a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan alto precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Cuál es el significado y finalidad de la educación?
La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. Porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con otros, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación.
Extraído y adaptado de Gaudium et Spes, Sobre la Iglesia en el Mundo Actual, 1965.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción
En el contexto de la Jornada Mundial de la juventud, Madrid 2011, que la Iglesia celebra por estos días, me ha parecido pertinente ofrecer una nota sobre un personaje juvenil que es presentado en la Biblia Hebrea como paradigma a seguir y que la tradición judía y cristiana lo ubica en el origen mismo de los patriarcas israelitas. Se trata del joven José.
El relato sobre el joven José lo tenemos en el primer libro de la Biblia, concentrada en Gn 37-50, denominada “la novela de José”. Pero también se menciona a nuestro personaje en el Nuevo Testamento, así está presente en Jn 4,5; Hch 7,9.13.14.18; Hb 11,21.22; Ap 7,8 e incluso su tradición ha inspirado la creación del libro apócrifo judío denominado “José y Asenet” (JyA), escrito en los primeros siglos de la era cristiana. Todo esto demuestra la importancia que ha tenido su figura tanto en el judaísmo con el cristianismo.
Gn 37,2-50,26 con excepción del cap. 49 (que es un anuncio profético en forma de poema dado por Jacob a sus hijos), narra las aventuras y desventuras de José. El primer dato que se menciona es su edad de 17 años y su función de pastor dentro de su numerosa familia. Es rechazado por sus hermanos por ser el favorito de su padre Jacob y por sus sueños que nadie comprende bien. Esto le llevó a un intento de homicidio por parte de sus hermanos que finalmente lo vendieron a unos extranjeros. Éstos, ismaelitas/madianitas lo revenden como esclavo al egipcio Putifar, ministro y jefe de la guardia del faraón. Trabajó como administrador de la casa del egipcio, soportó heroicamente el acoso sexual de la mujer de Putifar, la que con calumnias logró hacerlo encarcelar. Estando preso desarrolló al máximo su don de interpretar los sueños, llevándole esto al puesto más alto que cualquier hombre podía aspirar: gran visir del faraón. Pasaron siete años de abundancia y estando en los siete años siguientes de hambruna –que el mismo había interpretado de los sueños del faraón- se produce las idas y venidas de sus hermanos desde Canaán hacia a Egipto y viceversa; mostrando el relato grandes momentos de suspenso y desarrollo de la trama, que concluye con el desenlace de la revelación por parte de José y el reconocimiento por parte de sus hermanos más su padre Jacob hacia él. Se produce el perdón y José actúa gratuitamente beneficiando en cada momento a su familia, salvándole de la crisis económica, viviendo en una fraternidad ejemplar.
La vida del joven José se presenta como paradigmática, como un modelo a seguir; el relato va mostrando paulatinamente las cualidades del personaje en el ejercicio de sus acciones. Así podemos ver que es:
1) consciente de su don de interpretar sueños que lo usa siempre para el bien (40,8-23; 41,15-36);
2) paciente, ante la adversidad porque confía en Dios, aún en situaciones límite (37,23-36; 39,19-23);
3) firme en sus principios morales, no se deja llevar por la seducción que conduce al pecado y la infelicidad (39,7-12);
4) justo, es un buen administrador que actúa en justicia y solidaridad (47,13-26);
5) misericordioso, porque perdona y busca la reconciliación (47,27-28; 50,19-21).
El relato de la historia de José se presenta al lector mediante una reflexión sapiencial de cómo debe actuar el hombre que le va bien en la vida, viene a ser la antítesis de Job, donde se presenta la reflexión de cómo debe actuar el hombre al que le va mal en la vida. Ambos textos concuerdan en un punto fundamental: cultivar una vida anclada en el Señor y esta adhesión personal y profunda lleva a la necesaria consecuencia de vida unida a la felicidad y plenitud. José -el joven gran visir extranjero- logró ser “superior de todos los gobernadores y magnates del monarca; rico, sensato, mesurado, que actuaba como consejero del faraón” (JyA 1,5), porque “el espíritu divino y la gracia están con él” (JyA 4,9b), como muy bien lo expresa el texto judío de José y Asenet.
Pablo Uribe Ulloa
Académico Instituto de Teología
Universidad Católica de la Santísima Concepción
P.U.
Benedicto XVI: 60 años sirviendo nuestra alegría
Arturo Bravo Retamal 04 ago 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos
0 Comentarios“Servidor de vuestra alegría” (Herder 2005) es el título de un libro publicado originalmente en alemán el año 1988 y cuyo autor es Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI. En él reunió siete meditaciones cuyo tema es el sacerdocio: “El motivo constantemente presente en estas reflexiones es el gozo que brota del evangelio. Espero, pues, que este pequeño volumen sea un modesto ‘servicio de alegría’ y pueda responder así al sentido más hondo de la misión sacerdotal” (pág. 11). La alegría, entonces, se ubica en el corazón de la misión sacerdotal. Y es así como el Sumo Pontífice, el 29 de junio recién pasado, ha cumplido 60 años sirviendo nuestra alegría. El 29 de junio de 1951 fue ordenado sacerdote, junto a su hermano Georg, en la catedral de Freising por el Cardenal Michael von Faulhaber. De estas meditaciones espigaré un par de pasajes donde se dice que corresponde y que no corresponde al ser sacerdote, elementos que, por extensión, se pueden aplicar también a todo discípulo de Jesús.
Lo primero a mencionar, tiene que ver con la acción de Dios. A propósito de la parábola del sembrador (Lc 8,4-15), plantea que en ella “Jesús quiere decir que todas las cosas que producen fruto verdadero empiezan en este mundo por lo pequeño y escondido. También Dios se ha sometido a esta regla en su actuación sobre la tierra. Dios mismo entra de incógnito en este tiempo del mundo, se presenta bajo la figura de la pobreza, de la debilidad” (pág. 15). Esto es lo que tiene que llevar al sacerdote a advertir “que lo oculto y escondido es más poderoso que lo grande y vocinglero” (pág. 19), es decir, afinar los sentidos para descubrir el paso de Dios en lo sencillo y humilde. Descubrir y transmitir que “Dios es bueno y está del lado de lo pequeño y de los pequeños” (pág. 41-42). Además, los sacerdotes habrán de preguntarse si facilitan u obstaculizan el crecimiento de la semilla de la Palabra de Dios: “¿No debemos meditar seriamente en el peligro de que, al final, seamos contados en el número de aquellos de quienes Jesús dijo que no ‘producen fruto’, es decir, que han vivido inútilmente?” (pág. 21). El sacerdocio no brota del propio querer sino que es respuesta al llamado del Señor e implica seguirlo incondicionalmente, es decir, “que renunciemos a nuestra propia voluntad, a la idea de la simple autorrealización, a lo que podríamos hacer o querríamos tener y nos entreguemos a otra voluntad para dejarnos guiar por ella, llevar incluso adonde no queremos” (pág. 33) y es precisamente por esto que el sacerdocio “no es posible imaginarlo como un modo de conseguir seguridad en la vida, de ganarse el sustento, de obtener una cierta posición social. No se le puede elegir simplemente como algo que proporciona seguridad, amistad, protección y cobijo, como un medio con que poder organizar la vida” (pág. 33). Si fuera así “Dios se convierte en un medio para nuestros propios intereses” (pág. 45).
Para el tema crucial de la alegría, explica la sentencia de Jesús “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar la buena nueva” (Lc 9,60) diciendo: “Los trabajos de este mundo por los bienes y las riquezas son en el fondo preocupaciones por los muertos. ‘Tú sal de este trabajo de muertos de este mundo y anuncia la alegría’, tal es el núcleo auténtico de la llamada que el Señor dirige a quienes han de transmitir su palabra. Anunciar la alegría: por eso a los servidores del evangelio los llama Pablo ‘servidores de vuestra alegría’” (pág. 37) como aparece en 2Co 1,24. ¿Y alegría por qué? Porque se nos anuncia que “nuestro ser en el mundo no es un vivir para la muerte, no es un vivir desde la nada y hacia la nada, sino una vida que ha sido querida desde el principio por un amor infinito hacia el que se encamina” (pág. 37); alegría que descubrimos “cuando tenemos el valor de dejarnos incendiar por el mensaje del Señor. Y cuando lo hemos descubierto, entonces podemos abrasar, porque entonces somos siervos de la alegría en medio de un mundo de muerte” (pág. 38). Ésta es la buena noticia que nos llena de alegría: no somos producto del azar ni de la casualidad; nuestra existencia no es un puente entre dos abismos ni una chispa de luz entre dos oscuridades, sino que venimos de un amor insondable en el cual nos podemos cobijar, y a ese amor nos dirigimos. Es la alegría que brota de la cruz, en la que el Hijo de Dios hecho hombre ha asumido los dolores, angustias y miserias de la humanidad para transformarlos en semillas de resurrección. Es precisamente por esto que no se trata ni de una alegría escapista (que pasa por alto el dolor) ni conformista.
Esta alegría es esencial al cristianismo, y por eso no es casualidad que Mons. Fernando Chomalí en su primer domingo como Arzobispo haya dicho en su homilía: “quisiera que esta Arquidiócesis estuviese profundamente marcada por la alegría, la auténtica alegría que proviene de saber que Jesucristo se entregó por cada uno de nosotros. Y esa es la manera de que el mundo crea, el mundo cree por lo que decimos pero también el mundo cree por lo que nosotros somos y por lo que nosotros hacemos, y la alegría es un don del Espíritu que estamos llamados a cuidar”.
Agradezcamos y celebremos por el sólido testimonio de Benedicto XVI en sus sesenta años de servicio a nuestra alegría, y caminemos guiados por nuestros pastores Fernando y Pedro por los senderos de la alegría del Crucificado-Resucitado que busca dar vida al mundo.
Prof. Dr. Arturo Bravo Retamal
Instituto de Teología
Universidad Católica de la Santísima Concepción
A.B.
La institución del matrimonio, aunque esté regulada por instituciones y leyes humanas, es una asociación establecida por Dios y dotada de sus propias leyes. La familia se funda en la libre elección de los esposos, hombre y mujer, de unirse de manera exclusiva para toda la vida.
El carácter divino del matrimonio, y el derecho natural del mismo, pone límites a lo que la sociedad puede legítimamente hacer para regular dicha institución. Deben salvaguardarse la dignidad y características específicas del matrimonio, como son: totalidad, con la que los esposos se dan uno al otro mutuamente; unidad, creada por la unión de la pareja; indisolubilidad y fidelidad, que requiere un mutuo y definitivo darse; y fecundidad, a la que el matrimonio está abierto.
Parte importante del matrimonio es la transmisión de la vida a través del nacimiento y crianza de los hijos. Sin embargo, la procreación no es la única razón del matrimonio y, cuando una pareja no puede tener hijos, queda el valor de la comunión entre los esposos. Y en esta comunión surge la cultura de la adopción, donde la idea de maternidad, de paternidad y de familia, se realiza.
Hay dos laderas en relación a la adopción de un hijo: Por un lado, está la mujer que concibió al niño y que no cuenta con el apoyo familiar durante el embarazo, si es que desea mantener con ella ese hijo inesperado; y, ante la soledad y angustia en que se encuentra, decide entregar su hijo en adopción, situación que ignora su familia o entorno más cercano; y también el abandono por parte del varón que participó de la concepcion del niño le empuja a esta decisión.
Del otro lado, encontramos a los padres que desearon gestar ese hijo, pero que no pudieron hacerlo y encuentran por medio de la adopción la posibilidad de ser padres. Ese niño, entonces, encuentra el lugar propicio para vivir en comunidad, crecer y desarrollarse; encuentra su familia como el lugar principal de amor y de comunión.
Ya sea por razones sobrenaturales, como institución divina, para este niño y sus padres, la familia es la cuna de la vida y el amor donde se nace y crece; el clima de afecto que les unirá y donde juntos aprenderán la verdad y la bondad, los valores morales, y donde se transmite la herencia espiritual y cultural de la sociedad.
Es importante señalar que la idea de que “los padres tienen derecho a los hijos” y el “deseo de tenerlos a toda costa” conduce a la utilización de técnicas reproductivas, son éticamente inaceptables.
La cultura de la adopción es una posibilidad real de transmisión de la vida y la familia es el lugar esencial para asegurar que las personas se afiancen en sus convicciones, y promueve tanto la responsabilidad social como la solidaridad.
Dada su vital importancia, la familia tiene prioridad sobre la sociedad y el Estado. «Todo modelo social que intente servir al bien del hombre no debe pasar por alto la centralidad y responsabilidad social de la familia». Por ello la realidad de la adopción debe regularse de manera de facilitar el proceso para quienes están abiertos a la vida y deben pasar por el difícil proceso de adopción de los hijos.
Mucho podemos hacer como sociedad que valora realmente la vida del que está por nacer y se le niega ese derecho a través del aborto, porque no tiene posibilidad de expresarse aún, y mucho debemos hacer, acompañando a matrimonios que sinceramente buscan proyectar su amor conyugal en la adopción de los hijos, y la legislación dificulta el proceso.
Los hijos nacidos del corazón también son parte de nuestra historia y nuestra sociedad y encuentran en el seno de una familia el amor recíproco y la felicidad que, a imagen de la Sagrada Familia de Nazareth (que sí sabía de adopción), nos viene dada por Dios.
Claudia A. Pedreros Silva
Directora Instituto Superior de Ciencias de la Familia
Universidad Católica de la Santísima Concepción
C.P.
Reconstrucción, unidad y bioética
Cristián Vargas Manríquez 25 feb 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos
0 ComentariosAl acerarse la fecha que conmemora la tragedia vivida el 27F de 2010 por tantos compatriotas en nuestra región y en el país pareciera oportuno realizar una reflexión sobre el aspecto que más conmovió a la opinión pública, esto es, el sustrato moral que caracterizó los distintos comportamientos durante y los días posteriores a ella. Desde actos heroicos que mostraron la altura de la naturaleza humana, caracterizada por la capacidad del don gratuito de sí mismo por los otros, hasta la miseria reflejada en el descontrol social o el daño provocado a las personas y a la propiedad.
Sin embargo siendo lo moralidad de los actos lo crucial – y en definitiva donde nos jugamos nuestra libertad personal y vida en sociedad- es también lo que ha sido olvidado con mayor prontitud. La bioética permite la formación de la conciencia moral y por tanto el discernimiento de los actos humanos, lo que requiere sin dudas el arduo trabajo de reconocer lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia.
Si nos enfocamos sólo en la técnica (o reconstrucción material) y no en la ética repetiremos los errores del pasado y nos embarcaremos en derroteros de progreso que no consideran a la persona de manera integral. Es este punto en el que considero que la inversión debe acentuarse, especialmente orientada a la formación de las nuevas generaciones en un arco de tiempo de mediano y largo plazo, fortaleciendo a sus familias e integrando a las redes educativas en esta labor. Para ello es importante que promovamos la igual dignidad de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, que logremos percibir el bien común y no sólo la exacerbación del individualismo, que existan espacios de verdadera solidaridad, especialmente hoy entre las generaciones debido al invierno demográfico, que se consolide en la sociedad la familia fundada en el matrimonio heterosexual como sujeto social, abierto a la vida y depositaria de la educación en y para el amor de sus hijos, que no se establezca un monopolio estatal del bienestar social sino que subsidiariamente se emprendan acciones que fomenten el desarrollo de cada persona y de toda las personas. Sin esto, la unidad es sólo pragmatismo consensuado y quienes tienen las de perder luego de los grandes acuerdos son los de siempre, los más vulnerables.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción
C.V.
La dignidad humana: un gran sí a la vida
Cristián Vargas Manríquez 29 dic 2010 / Blog Teología,Blogs Académicos
2 Comentarios1. La Facultad de Medicina y los Institutos Superiores de Bioética y de Ciencias de la Familia del Instituto de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, expresan a través de la presente declaración pública su más enérgico rechazo a cualquier iniciativa jurídica, cultural, educativa, comunicacional, médica o social que busque la eliminación directa de un ser humano indefenso, se encuentre en la fase inicial o final de su existencia, esté sano o aquejado de alguna enfermedad, o cuyo origen procreativo esté marcado por un acto de violencia sexual. Lo anterior se fundamenta en que una acción orientada a terminar intencionalmente con la vida de una persona humana se opone a la justicia y al bien común, viola directamente el principio de no matar, además de no reconocer la dignidad inherente a cada ser humano.
2. La ciencia biomédica en la actualidad ha dado un reconocimiento pleno al embrión y feto. El estatuto biológico humano inicia en la concepción a través de la fertilización, la cual gatilla un proceso de desarrollo coordinado, gradual y continuo que acompañará al ser humano hasta la muerte.
3. La vida del ser humano inicia a partir del encuentro de los gametos masculino y femenino, dando origen a un ser con características genéticas específicas. Esta identificación expresada en su genoma, le atribuye por ejemplo rasgos de identidad genética sexual que desde la concepción será masculina o femenina, dependiendo si sus cromosomas sexuales son XX o XY. Por ello el embrión humano desde la etapa pre-implantatoria es capaz autónomamente de coordinar su propio desarrollo y dialogar con la madre. Este tiempo de crecimiento gradual le permite expresar al embrión o feto la maravillosa potencialidad inscrita en su naturaleza, que sin embargo, es todo lo que debe ser en cada etapa de su vida: cigoto, embrión, feto, recién nacido, joven, adulto o anciano, manteniendo el mismo estatuto antropológico en cada etapa.
4. Así el proceso continuo de la vida se desarrolla sin saltos cualitativos desde la concepción hasta la muerte. La implantación, el desarrollo de sus órganos hasta las doce semanas (feto), el nacimiento y cualquier otra etapa en la vida de la persona no modifican su naturaleza. Por tanto es la misma dignidad humana desde el origen hasta el fin y el mismo respeto el que se le debe procurar.
5. El aborto, la acción deliberada y voluntaria de provocar la muerte de un feto, es siempre desde la perspectiva ética un acto ilícito. No existe un real conflicto que nos deba colocar en la disyuntiva de elegir entre la vida del hijo o de la madre. Sólo minusvalorando la vida de uno u otro este conflicto aparece. La práctica médica actual en Chile, la cual hunde sus raíces en la tradición Hipocrática como en la del Buen Samaritano, muestra que no hay casos en los cuales profesionales de la salud hayan sido inculpados legal o éticamente al buscar con conciencia recta, la recuperación de la salud de la madre, y provocaran de manera indirecta, esto es no querida (doble efecto), por razón proporcionada, sin ser la causa directa de la recuperación de la de la salud materna, la muerte del feto.
6. Chile presenta hoy excelentes resultados desde la perspectiva de salud materno-infantil, siendo el tercer país americano con mejores indicadores de mortalidad materna y perinatal luego de USA y Canadá. El aborto por razón eugenésica, “terapéutica” o por violación sólo agrega a una situación ya compleja de enfermedad materna o fetal la gravedad de terminar con la vida de un ser inocente y no es la solución al problema sino un agravante más.
7. Nuestra cultura debe promover y defender la vida humana como un bien precioso y la dignidad de la persona como un valor no negociable ya que es el sustento de la vida democrática y del ordenamiento jurídico. Por ello y por el bien de las futuras generaciones nuestro país no debe despenalizar el aborto y reconocer a pleno titulo como seres humanos, personas y sujetos jurídicos a ambos componentes del binomio madre-hijo, los cuales deben ser cuidados ambos como pacientes por los equipos de salud.
Dr. Marcelo Lagos Subiabre
Decano Facultad de Medicina
Universidad Católica de la Santísima Concepción
M.L.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción
C.V.
Mg. Claudia Pedreros Silva
Directora Instituto Superior de Ciencias de la Familia
Universidad Católica de la Santísima Concepción
C.P.
Campaña prevención del SIDA
Cristián Vargas Manríquez 14 dic 2010 / Blog Teología,Blogs Académicos
1 ComentarioLa campaña de prevención del SIDA recientemente estrenada por el Ministerio de Salud tímidamente ofrece un cambio de orientación en el fondo de la cuestión, pasando de la entrega de información sobre la enfermedad y su contagio a buscar el discernimiento y valoración de las conductas en ámbito de la vida sexual de las personas.
Quizás la frase atribuida a Albert Einstein ha calado entre los asesores del Ministerio de Salud: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. A mi juicio falta adelantarse aún más para llegar más lejos. Falta no sólo prevenir sino educar, difundir y promover estilos de vida saludables en ámbito de la sexualidad humana que reconozcan la principal virtud en juego, la del amor humano. Sin un discernimiento maduro, un testimonio creíble y una educación que permita expresar lo más propio de nuestra naturaleza humana, la razón y la libertad, llegaremos tarde a las nuevas generaciones, al igual que en el caso del lamentable incendio en la cárcel de San Miguel.
La vida humana es un bien demasiado precioso para no interesarnos como sociedad en su defensa y promoción. Ahora bien, es sólo en el contexto del amor donde las personas pueden vivir en relación fecunda con los otros. Es sólo en el contexto del amor donde la fidelidad y la abstinencia promovidas por esta campaña encuentran un sentido pleno. Es sólo en el contexto del amor humano donde los hijos son considerados un bien precioso y la sexualidad es expresión de la donación recíproca y complementaria. Es sólo en el contexto del amor donde quienes padecen SIDA encuentran una mano que los acoge y les da esperanza.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción
C.V.





