Reconstrucción, unidad y bioética

Cristián Vargas Manríquez 25 feb 2011 / Blog Teología,Blogs Académicos

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Al acerarse la fecha que conmemora la tragedia vivida el 27F de 2010 por tantos compatriotas en nuestra región y en el país pareciera oportuno realizar una reflexión sobre el aspecto que más conmovió a la opinión pública, esto es, el sustrato moral que caracterizó los distintos comportamientos durante y los días posteriores a ella. Desde actos heroicos que mostraron la altura de la naturaleza humana, caracterizada por la capacidad del don gratuito de sí mismo por los otros, hasta la miseria reflejada en el descontrol social o el daño provocado a las personas y a la propiedad.

Sin embargo siendo lo moralidad de los actos lo crucial – y en definitiva donde nos jugamos nuestra libertad personal y vida en sociedad- es también lo que ha sido olvidado con mayor prontitud. La bioética permite la formación de la conciencia moral y por tanto el discernimiento de los actos humanos, lo que requiere sin dudas el arduo trabajo de reconocer lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia.

Si nos enfocamos sólo en la técnica (o reconstrucción material) y no en la ética repetiremos los errores del pasado y nos embarcaremos en derroteros de progreso que no consideran a la persona de manera integral. Es este punto en el que considero que la inversión debe acentuarse, especialmente orientada a la formación de las nuevas generaciones en un arco de tiempo de mediano y largo plazo, fortaleciendo a sus familias e integrando a las redes educativas en esta labor. Para ello es importante que promovamos la igual dignidad de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, que logremos percibir el bien común y no sólo la exacerbación del individualismo, que existan espacios de verdadera solidaridad, especialmente hoy entre las generaciones debido al invierno demográfico, que se consolide en la sociedad la familia fundada en el matrimonio heterosexual como sujeto social, abierto a la vida y depositaria de la educación en y para el amor de sus hijos, que no se establezca un monopolio estatal del bienestar social sino que subsidiariamente se emprendan acciones que fomenten el desarrollo de cada persona y de toda las personas. Sin esto, la unidad es sólo pragmatismo consensuado y quienes tienen las de perder luego de los grandes acuerdos son los de siempre, los más vulnerables.

cvargasDr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción

C.V.

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