“Platón, expulsado de la clase”


Así titulaba el diario “El País” de España una nota referida a la eliminación de la Filosofía del plan de estudios en la enseñanza secundaria y del bachillerato en ese país. La LOMCE (8/2013), que curiosamente, que significa ”Ley Orgánica para la mejora de la calidad de la enseñanza”, elimina la obligatoriedad de la asignatura y la deja optativa. La “reforma” española, además elimina “Educación Ciudadana” que en Chile se propone reemplace a la Filosofía (¿?).

Es curioso como en Chile, tres años después, se haya pretendido hacer lo mismo y sin estudios, reflexión y discusión, a ningún nivel, acerca de la conveniencia de hacer cambios tan radicales en el sistema escolar, solo porque en países europeos ya han disminuido las horas en las humanidades y las artes para favorecer aquellas que son evaluadas en la pruebas internacionales. Es curioso, porque después nos quejamos del excesivo individualismo y egoísmo imperante en la sociedad, nos admiramos de la falta de cultura general de los jóvenes, nos sorprendemos de los valores materialistas predominante en la actualidad, nos quejamos de los efectos nocivos de competividad entre las personas, nos angustiamos por los abusos de los empresarios (y el Estado), nos enfurecemos con las colusiones, el cohecho y una larga lista de conductas que ponen en evidencia que existe un problema de fondo en la concepción del currículo escolar.

Llevamos muchos años de continuas reformas educacionales que en vez de mejorar la calidad y equidad de la educación, nos alejan cada vez más de un modelo con identidad propia y que esté centrado en la necesidades de desarrollo integral de las personas y en la conservación del entorno natural. Llevamos cuatro décadas con un sistema escolar subordinado al crecimiento de la economía, que ha dejando “lo humano” y las humanidades a meras iniciativas individuales, que son escasas y que solo conduce a excentricidades. Seguir haciendo cambios “sin sentido humano” es el camino equivocado en la idea (y meta) de consolidar un sistema educativo nacional que esté al servicio del desarrollo del país y que no se reduzca exclusivamente a lo que se hace en las escuelas.

Defender la permanencia de la Filosofía no es más importante que hacerlo por otras asignaturas que han sido reducidas o eliminadas. Se podrían aducir muchas razones que justifican su permanencia en el currículo, pero enfrentadas las humanidades y las artes con la tecnocracia la disputa está perdida.

Si han de expulsar a Platón de la clase (y a todos sus compañeros), entonces será mejor pensar en centros escolares destinados al entrenamiento cognitivo y no en Centros Educativos, pues como bien sabemos, no todo lo que se enseña (y aprende) es educativo. Necesitamos hoy, precisamente, educar integralmente a las personas para tener ciudadanos responsables.