Bien vale la pena dedicar algunas reflexiones al tema de la huelga de hambre debido a la relevancia que ha ido tomando en el último tiempo, especialmente en nuestra zona, como vía de negociación o manifestación de urgentes causas sociales. Sin embargo una mirada directa a la manifestación externa o signo a través del cual se explicita un desagravio no es suficiente para entender su origen. Tampoco sólo el síntoma, la expresión sentida de un padecimiento, nos revela prima facie la causa del mismo, lo cual hunde sus raíces en un desarrollo humano y social que no es integral.
Queriendo profundizar sobre las causas y no los síntomas y signos podemos señalar que son muchísimos los que, atrapados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación y valor propio y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo, avalando actos contrarios a la propia vida, como el suicidio asistido al que conduce la huelga de hambre. Sin embargo, ante la actual evolución de nuestra sociedad, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, el sufrimiento, la pobreza? ¿Porqué a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan alto precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Cuál es el significado y finalidad de la educación?
La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. Porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con otros, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación.
Extraído y adaptado de Gaudium et Spes, Sobre la Iglesia en el Mundo Actual, 1965.
Dr. Cristián Vargas Manríquez
Director Instituto Superior de Bioética
Universidad Católica de la Santísima Concepción






